Tres diseños icónicos de Miguel Milá

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Abandonó la arquitectura para ser diseñador industrial e interiorista, inventor y bricoleur. Por el camino ha firmado varios muebles que han pasado a la historia. A continuación analizamos los que mejor definen a este maestro del modernismo catalán

 

A Miguel Milá (Barcelona, 1931) le vino bien lo de ser un mal estudiante. “Como suspendía tanto, estuve muchos años en la facultad de arquitectura y conocí a todos los grandes nombres de una época”. Lo dice él mismo en un documental que le dedicó Santa & Cole, la editora de sus lámparas (y muchos de sus muebles) y con la que a día de hoy todavía sigue trabajando. En la película del 2017 explicaba que después de aquel fracaso académico empezó una nueva etapa mucho más feliz, en el estudio de su hermano Alfonso y Federico Correa, esta vez como interiorista: “Vivíamos en una época de escasez, no había prácticamente nada. Y tampoco es que hubiese por ahí ningún mueble que me gustase”, reconocía a los 86 años, sentado en el jardín de la finca de Esplugues de Llobregat que le vio crecer junto a su familia.

 

“Casi todo era muy ñoño, así que empezamos a crear cosas nuevas”. De ahí surgió su primera empresa Tramo (una abreviación de las palabras ‘Trabajos Modestos’), que sintetizaba el estilo catalán modernista por el que ahora se le conoce a Milá: un diseño que simplifica la forma para atender a la funcionalidad. Concretamente, tal y como refleja su famosa lámpara TMM del año 1961 (una evolución de la TMC del mismo año), que permite desplazar la pantalla a lo largo del brazo y sobre su mismo eje. “Es una lámpara que, además, pesa muy poco, que la puedes trasladar y colocar en el sitio que más te conviene”, contaba su autor mientras la montaba él mismo, pieza por pieza, ante la cámara de Santa & Cole.

 

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La TMM separa los tres elementos de una luminaria (bombilla, pantalla y estructura). “Es muy fácil de montar y desmontar. Y ahora que me he hecho mayor, no sabéis lo que agradezco haber diseñado una cosa tan ligera”, comentaba Milá.

 

Otro de los iconos de Milá es la silla Salvador de 1962. Todas sus virtudes nacen de la posguerra: “A diferencia de la abundancia, las crisis tienen esa vertiente positiva que te obliga a esmerarte en resolver problemas como a mí me gusta. O sea, con el mínimo gasto posible”. Lo que el diseñador hizo con este asiento fue trasladar la estructura de las sillerías de terraza y jardín a espacios interiores, empleando la caña de manila de antaño. “Yo soy un admirador de las sillas de ratán, porque tú las coges, las tiras por el balcón y llegan intactas a la calle (en el documental él hace la prueba). Son ligeras, flexibles y casi que no hace falta ni barnizarlas”. El modelo oficial de la Salvador también permanece intacto en su proceso: la siguen realizando maestros artesanos en talleres de Valencia, que con su savoir faire le otorgan un periodo de vida mucho más longevo que el de cualquier diseño industrial.

 

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El cordaje que une las piezas de la silla Salvador está disponible en amarillo, azul, verde, burdeos o negro.

 

Milá considera que lo nuevo surge cuando no se pretende: “La innovación, como asignatura, es una tontería”, opinaba vestido con boina, camisa, jersey y parka en un momento de la película, en el que aludía a una de sus frases favoritas: “¿Qué es lo clásico? Aquello que no se puede hacer mejor”. Es una de las ideas tan simplistas como efectivas que el catalán todavía lleva a la práctica, y que trató de plasmarla incluso en la chaise longue Harpo que diseñó en 2016-2017, en colaboración con su hijo Gonzalo Milá. El resultado es una familia de asientos, con una estructura de pletina de acero y un respaldo de listones de madera europea o tropical, pensados para colocarse a pie de calle. Dos años después de su lanzamiento siguen estando muy de moda (en su versión original o en imitación) en muchos municipios de España. “Pero esto no tiene nada que ver conmigo”, concluía el protagonista, que prefirió despedirse abriendo el foco: “Mis diseños los ha puesto de moda la gente, no yo. Yo solo los he puesto en uso”.

 

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La chaise longue Harpo tiene otra hermana pequeña, en formato silla, con un respaldo mucho menos inclinado.