Toc, toc. ¿Podemos pasar?

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La firma holandesa Formani lleva años diseñando las manillas con las que se abren las puertas de medio mundo. ¿Cómo lo ha conseguido? Su propietario Pim Aarts cuenta la historia al equipo de Code Studio

 

Pim, ¿habéis evolucionado mucho?

Si os apetece, vayamos un poco al principio. A lo que se dedicaba Formani cuando yo empecé, como empleado, era a importar la mayoría de marcas italianas que diseñaban accesorios para puertas. Y después, bueno, tuve la oportunidad de dirigir el negocio familiar y trabajé duro en algo fundamental para nosotros, que era comenzar una transición que permitiera a Formani pasar de ser una compañía importadora holandesa a un fabricante con diseños y productos propios, que pudiéramos exportar a nivel mundial. Entonces, sí, claro que nos dimos cuenta de que la ambición iba mucho más allá de las fronteras holandesas, porque nosotros, lo que queríamos, era decidir por nuestra cuenta qué tendencias íbamos a seguir, o crear, en lugar de que unos proveedores nos aconsejaran sobre las modas que se llevaban en Italia, que además diferían bastante de las que estaban despuntando en los países nórdicos. Es decir, tuvimos que posicionar nuestra empresa como una marca, enseñarla en exposiciones internacionales para que el mundo la conociera, y en el 2013 comenzamos a vender, más o menos, en 20 países. Digamos que ese fue nuestro gran punto de inflexión.

 

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Pero dedicarse a una rama muy específica del diseño implica también una máxima especialización, ¿no?

¡Claro! Pero esa es la idea de todo: nuestro trabajo va sobre los detalles. Nada más. Cosas como una rectitud impoluta, un buen acabado, unos bordes que no sean del todo afilados aunque en aspecto sí que lo parezcan… Todos estas cosas evolucionaron cuando empezamos a invertir muy fuerte en el desarrollo de un diseño específico, muy concreto, que ahora podemos afirmar que es un diseño Formani. Pero tampoco es una idea cerrada. Quiero decir, hemos invitado a muchísimos diseñadores a que reinterpreten nuestra concepción del diseño patrio. Y de esa colaboración han salido grandes colecciones. Como la One con el Studio Piet Boon en el año 2009, que fue la primera y, desde mi punto de vista, la más importante hasta día de hoy.

 

En la página web de Formani dices que tu equipo ha estado trabajando con partners y diseñadores internacionales de más de 40 países. ¿Cómo los escogéis? ¿Qué requisitos le hacen falta a alguien para que sea un diseñador Formani?

A ver, primero: digamos que el diseño holandés siempre ha sido y sigue siendo nuestro punto de referencia. Básicamente porque venimos de Holanda, pero también porque es un estilo en el que creemos, porque de lo sencillo que resulta siempre ha acabado siendo innovador, ¿verdad? Siempre ha impactado con cosas e interiorismos que nunca antes se habían presentado en Europa. Y eso, al final, ha hecho que la mayoría de los diseñadores con los que hemos trabajado tengan DNI holandés. Pero ya no es un requisito ni una necesidad. Lo que ahora tenemos en mente cuando buscamos al próximo diseñador es alguien que aporte nuevos puntos de vista. Y, de hecho, tenemos un partner español que es Lázaro Rosa-Violán. Él es el ejemplo perfecto: empujó nuestras fronteras y nos desafió con Bosco, con una colección que era excelente, inspirada en los antiguos cuchillos de acero y manijas negras. Y a la vista está: él utiliza todos esos diseños en la mayoría de hoteles que proyecta por el mundo.

 

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Cuando Lázaro Rosa-Violán ideó la colección Bosco, es muy probable que estuviera pensando en qué habría para comer ese día.

 

Analiza un momento los trabajos que habéis desarrollado en los últimos años. ¿Podrías escoger uno? Por ejemplo, del que estés más orgulloso.

¡No sabría cuál escoger! (se ríe). En todos los años que llevo en esto, que ya son 17, he tenido la suerte de ver algunas cosas hermosas y otras que… bueno, que no hay palabras para definir. Pues no sé, casoplones de 25 millones de euros, villas de celebrities, futbolistas o DJs. Y en este momento estamos trabajando en un palacio para el sultán de Brunéi (que atesora una fortuna 36 veces mayor que la de la Reina de Inglaterra), por ejemplo. Pero si hablamos de algún proyecto en particular, que me haya gustado mucho, o del que esté muy orgulloso, diría el restaurante Noma de Copenhague (que cuenta con once edificios diseñados por el arquitecto Bjarke Ingels y un jardín de 2.100 metros cuadrados). Reabrió en mayo de 2018 con un nuevo concepto, después de encabezar la lista británica The World’s 50 Best Restaurants hasta en cuatro ocasiones. De hecho, las nuevas instalaciones las visité la semana pasada, ¿y sabéis qué? Me alegré muchísimo de haber colaborado en un proyecto que atrae a tantas personas de todo el mundo, día sí día también. Otro restaurante del que estoy muy orgulloso es The Jane en Amberes, Bélgica. Precisamente lo diseñó el Studio Piet Boon sobre una antigua capilla de un hospital militar del siglo XIX. Recomiendo a todo el mundo que vaya. No solo por ver lo que Formani hizo allí, que también, sino porque es una experiencia única. (Como dato, el equipo del restaurante lleva los uniformes que la firma holandesa G-Star diseñó expresamente para el proyecto).

 

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A la izquierda, el restaurante The Jane en Amberes a primera hora de la mañana. Justo antes del brunch. A la derecha, detalles de las manillas One, de Formani y Studio Piet Boon.