Los muebles, primero

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Con Empty Spaces, el director Israel Redondo plantea soluciones de interiorismo a arquitectos, estudios y tiendas de decoración españolas. Lo hace con marcas consolidadas y también con firmas que pronto despuntarán. Para esto último, un ojo bien entrenado es su única certeza

 

¿Qué hay de la historia de Empty Spaces?

Pues es bastante larga, eh. Mirad, a principios de los 2000 me fui a Barcelona, porque creo que había una carencia en mi carrera. A mí me interesaba mucho la arquitectura y el diseño, sobre todo del siglo XX, y en la universidad, justo, era la parte que menos toqué. Así que decidí meterme en un master que analizara la historia de todo este tema, de manera muy teórica, y estando allí, en la ciudad, fui a ver una exposición de Alvar Aalto, la marca finlandesa, en una tienda de muebles catalana que yo ni siquiera conocía. Entré, estuve hablando con los dueños un buen rato, y un día después me dijeron si quería trabajar con ellos. Que veían mucha ilusión en mí y que, bueno, que estaban buscando una persona que empezara desde cero. Y me metí en su agencia de representación, llevando marcas que traían del extranjero, de Alemania y Suiza, por ejemplo, y vendiéndolas a otras tiendas de decoración. O incluso a interioristas. Ahí es cuando empecé a coger un poco este bagaje, ¿no? Claro, todos los días estaba rodeado de piezas de grandísimos fabricantes, respaldados por diseñadores de primera línea, y eso, lo quieras o no, me iba dando un conocimiento súper profundo. Pero hubo un momento en el que decidí volverme a Bilbao. Por temas personales más que nada.

 

¿Seguiste colaborando con ellos?

Sí, de manera más autónoma. Y me dejaron ir poco a poco introduciendo mi propio criterio. O sea, al margen de las marcas de la agencia pude ir, pues eso, haciendo mis vínculos comerciales, entrando en contacto con marcas que podía representar, en España o en la zona norte, de productos muy diversos. Ya no solo muebles. También coqueteaba con alfombras, griferías y objetos que siempre fueran complementarios, que no entraran en conflicto entre sí. Eso fue en 2007. Y así empezó Empty Spaces, como una agencia de representaciones.

 

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Las alfombras de Fabula Living no solo quieren proteger el suelo. Los modelos Loke y Ulmus van más allá del pragmatismo: están tejidos para que andar por casa, con o sin zapatos, sea una experiencia mucho más sensible.

 

Israel, ¿cuál es tu criterio para escoger una marca? Porque suponemos, viéndolo desde fuera, que buscarás firmas que puedan funcionar en España, ¿no?

Realmente, lo que suelo hacer es guiarme por dos fuentes, que son, lógicamente, todo el tema de redes sociales y páginas web especializadas en diseño, en un posicionamiento medio-alto, y luego las ferias. Y ahí sí que intento salirme un poco de lo convencional. Además de la de Milán, que es la más importante del mundo, pues suelo ir a la feria de Estocolmo, de Bélgica, de París, en las que hay como otra serie de marcas, o cosillas más especiales o más desconocidas, que les ves algo. ¿Y qué les ves? Pues ahí juega la primera toma de contacto: el impacto visual. Ves una pieza bonita, ves que hay una conexión con el resto de marcas que llevas… y luego intentas comprobar que haya realmente un catálogo detrás, que no sea enamorarte de una pieza y ya está, sino que verdaderamente haya una coherencia con el resto de productos que esa marca ofrece. O sea, que esa butaca tenga un sofá homólogo, por ejemplo, y que tú puedas enseñarle a tu cliente, en un momento determinado, una gama variada. Y después de eso, es muy importante para mí el valor humano que hay detrás de cada firma. Ahora mismo estoy trabajando muchísimo con empresas danesas, como Formani, que ellas venden valores, aunque suene a humo. Te venden una cultura y te dicen “nosotros solo hacemos esto y aquello, y lo hacemos de una manera muy concreta”. Y al final es una idea que aquí en España cuesta vender, porque la gente piensa “pero si esto es una silla normal y corriente”. Pero, claro, en el norte de Europa se trabaja más con la idea de que un producto sea completamente artesanal, desde el principio, que esté hecho con unas maderas en particular, u otro material, y que vaya vinculado a una sostenibilidad, que está muy a la orden del día, ¿no? Y todo esto hace que los productos, al final, hablen por sí solos.

 

Habrá, seguro, más detalles específicos que te hagan decantarte por un mueble u otro.

Hay un tema que me gusta mucho, que me apasiona, y es el de los diseñadores. Es decir, ese momento en el que ves un producto que te encanta y que encima lo ha firmado gente que está ahora mismo en la cresta de la ola, como puede ser Jaime Hayon o Patricia Urquiola, por decir algunos nombres españoles, o internacionales tipo Tom Dixon o Jasper Morrison. Ahí hay una cartera de nuevos diseñadores británicos, pero también consagrados, que están dándolo todo. Por ejemplo, yo llevo una marca que se llama INCLASS, y que ha apostado por una serie de figuras para darle una vuelta completa a lo que era su catálogo. Y me acuerdo que en su día, cuando empecé a trabajar con ellos hace seis años, les comenté que sería muy interesante que pusieran la mirada en diseñadores tipo Jonathan Prestwich o Simon Pengelly, o algún francés como Christophe Pillet, que ahora, precisamente, están todos trabajando para la marca. Que esto, ojo, no es gracias a mí ni mucho menos. Fue una coincidencia que el propietario de INCLASS y yo hablásemos el mismo lenguaje, que cuando le preguntara si conocía a Pillet, él me dijera “sí, y además estamos en contacto”. Y eso que comentaba antes de los valores humanos, es lo mismo: al final, compartir un lenguaje facilita mucho las cosas.

 

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La colección de sillas Varya la diseñó Simon Pengelly para la firma alicantina INCLASS. Con bases metálicas o de madera, están disponibles en doce colores distintos.

 

A lo largo de estos 11 años te habrá dado tiempo para ver marcas que pasan de moda, o al revés, que de repente experimentan un crecimiento sin precedentes. ¿Cómo funcionan las tendencias dentro del mundo del diseño y el mobiliario?

Bueno, es marketing puro y duro, creo yo. La clave está en… mirad, hay una marca que para mí es un ejemplo de cómo hacer bien las cosas, que está un poco comiéndole la tostada a grandes firmas como Vitra. Se llama HAY, con ‘y griega’. Hace un producto de muchísimo diseño y firmado por muy buenos diseñadores. Y con una inversión a nivel de marketing bestial. HAY está convirtiendo muchos de sus productos en objetos de deseo, y con precios muy diversos. Está apostando por tiendas monomarca, casi desde el primer momento, y su puesta en escena es espectacular. Me acuerdo que en Milán fui dos veces a ver su exposición, que eso en una feria ya es complicado, pero es que la ocasión lo merecía: HAY cogió un palazzo en el barrio de Brera, muy clásico, y lo llenó de todas sus piezas. Fue un éxito rotundo. Entonces, bueno, creo que en todo esto la fórmula siempre es la misma: un diseño muy, muy interesante, respaldado por unos diseñadores que están detrás con sus nombres y apellidos, y con una maquinaria a nivel de marketing y comunicación importante. Pero, claro, no todos los fabricantes tienen ni la misma capacidad para hacer estas cosas, ni la misma visión.

 

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Los taburetes y sofás de HAY han recorrido el mundo entero. Desde Copenhague hasta Tokio y Seúl. De hecho, su último sofá, el modelo Silhouette, de GamFratesi, fue nominado a los Design Awards 2018.

 

Ahora te queremos plantear un caso práctico. ¿Qué soluciones darías a un joven que acaba de comprar un piso con un espacio muy reducido? ¿Qué le propondrías en su proyecto de interiorismo?

Lo que yo le sugeriría es jugar un poco con las piezas. Darle realmente importancia a los muebles que creo que son esenciales, y en los que se tiene que hacer la gran inversión, como puede ser, por ejemplo, el sofá de un salón o la mesa del comedor. Y todo lo demás… que sea un poco como más satélite, ¿no?

 

Es decir, que vaya cambiando.

Sí. Este tipo de argumento lo defiendo sobre todo ahora, al salir de la crisis. En un momento en que la gente tiene que ser coherente, porque no le queda otra, y porque no puede meterse, por norma general, en un piso de nivel absoluto, con una mesa de B&B Italia o con sillas de Knoll. Pero creo que sí se puede jugar. Volviendo a lo de antes, a mí me funciona mucho lo de trabajar grandes piezas muy reconocidas, de firmas internacionales, y combinarlas con productos nacionales que son un poco diferentes. Como la sillería de INCLASS o de Andreu World, o un pequeño mueble de Punt Mobles o de Treku. Ese tipo de cosas. Porque en España, desde hace tiempo, se hace muy buen mueble. Pero claro, a pesar de que las firmas exportan muchísimo, igual el 60 o 70% de su producción, todavía no tienen el posicionamiento de marca de Cassina. Todavía les falta rodaje y esa estrategia de marketing de la que os hablaba, pero a nivel internacional. También hay algo que va más allá. O sea, cuando ves a Antonio Citterio, que es el diseñador principal de B&B Italia, y la implicación que él tiene como profesional, como interiorista y proyectista, con esa marca, te quedas alucinando. Él, como muchos otros, se involucra al 100% en los diseños que él mismo diseña. ¿Y qué significa eso? Que los coloca en proyectos de gran envergadura para que lleguen al punto al que tiene que llegar, por ejemplo, un sofá de 12.000 euros.

 

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A la izquierda, los sillones Brandy que diseñó el estudio Lievore Altherr. A la derecha, un ejemplo del modelo Flex Chair de Piergiorgio Cazzaniga. Todo, pensado según la ideología de Andreu World.